miércoles, 30 de enero de 2019

Miquel Pereç; La imitacio de Jesuchrist, 1494

Un filólogo serio may negaríe que la primera llengua romans en tindre literatura en prosa y vers va sé la la valensiana.

Miquel Pereç; La imitacio de Jesuchrist, 1494

Jacob Golden:

Un filólec serio mai negaría que la primera llengua romanç en tindre lliteratura en prosa i vers fon la valenciana.

 
Un filólec serio mai negaría que la primera llengua romanç en tindre lliteratura en prosa i vers fon la valenciana.

 

domingo, 27 de enero de 2019

carrechadós, carrejadós

CARREJADÓ, carrejadós, carrechadó, carrechadós, carreyadó, carreyadós

CARREJADÓ, carrejadós, carrechadó, carrechadós, carreyadó, carreyadós

Instrumén compost de dos barres paraleles de dal o baix un metro de llargaria, unides per dos travessés de un pam y mich, que se fique damún de la aubarda de una bestia o animal de cárrega, y servix per a transportá (carrechá) garbes, rames, brema y atres productes agrícoles.
Les coses que se porten van lligades en una corda, que se assegure a les esmosses que tenen les barres llargues del aparato.

CARREJADÓ, CARREJADORA : Lo que carrege o carreche.
Castellá: acarreador, acarreadora.

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Trineo a Queretes, segons comente un del poble.

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carregá:
carrego
carregues
carregue

carreguem o carregam
carreguéu o carregáu
carreguen

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carrechá:
carrecho

carreches
carreche
carrechem o carrecham
carrechéu o carrecháu
carrechen

sábado, 12 de enero de 2019

La lengua nunca puede ser una trinchera

Pedro Álvarez de Miranda: "La lengua nunca puede ser una trinchera"

https://www.elmundo.es/opinion/2019/01/12/5c390039fc6c8360118b465a.html

Autor de 'El género y la lengua' (Turner), uno de los manuales de referencia para entender el debate sobre el lenguaje inclusivo, el académico de la RAE aboga por desdramatizar ésta y otras polémicas.
La elección del nuevo director de la Academia, Santiago Muñoz Machado, parece aportar tranquilidad para que él y sus compañeros sigan haciendo su trabajo. Pero también hace falta más apoyo económico, reclama.
 
Mientras se ultiman los detalles del informe sobre lenguaje inclusivo en la Constitución española, el breve (y divertidísimo) ensayo de Pedro Álvarez Miranda (Roma, 1953) se ha convertido en la mejor herramienta para entender la dimensión de esta polémica.

¿Qué le parece que las cuestiones relativas al idioma estén tan candentes en la actualidad?
Es curioso: la gente se toma las cuestiones de la lengua con bastante pasión y con bastante vehemencia. Y a mí me parece positivo. Y lógico, hasta cierto punto, puesto que es su herramienta cotidiana. Con la lengua hablamos y con la lengua pensamos. También es lógico demandar a los usuarios una cierta racionalidad y reflexión, informarse y no opinar apasionadamente. La lengua tiene sus propios mecanismos y los gramáticos, los lingüistas y los lexicólogos hemos dedicado mucho tiempo a pensar sobre ella. No es que tengamos más autoridad sobre la lengua, pero tenemos algunas pocas horas más de reflexión sobre ella.
¿Por ejemplo? En general, en el terreno ortográfico hay una pulsión bastante clara en la gente, que es lo que podríamos llamar el misoneísmo, que quiere decir horror a lo nuevo. Los hablantes son muy conservadores: rechazan cualquier novedad en ortografía, precisamente porque les incomoda tener que cambiar el chip mental.
¿Y en el terreno del léxico?«Es que esa palabra es muy fea». Bueno, mire usted: no hay palabras feas. Lo que pasa es que, como le suena nueva. De nuevo, el misoneísmo... O que esa otra palabra «no me gusta». Bueno, pues el verbo gustar no es de aplicación ahí, da igual que no le guste, es que no le tiene que gustar. Es una palabra nueva y depende de 500 millones de hablantes que sea aceptada o no. El que a usted le guste o le deje de gustar es irrelevante.
¿Qué responsabilidad tienen los académicos en este aspecto? Los que le hemos dedicado muchas horas de estudio y reflexión tenemos que hacer un poco de pedagogía. Precisamente, estos articulitos pretenden hacer eso: no hacer una lingüística muy técnica y muy abstrusa y con terminología rara, sino tratar de explicar a la gente esa maravilla que es la lengua.
Respecto al tema de su libro, hay quien sostiene que el lenguaje inclusivo es un primer paso. Que cambiando el idioma se puede llegar a cambiar la realidad. Es una ingenuidad. Nadie puede cambiar voluntariamente, conscientemente, el lenguaje. Éste surge de un consenso social que, en nuestro caso, como no nos cansamos de repetir con gran orgullo, comprende y afecta a 500 millones de hablantes. Es que cuando se piensa en eso, claro, uno es insignificante en medio de esa masa y de ese consenso. Así que, efectivamente, es ingenuo pretender cambiar la sociedad cambiando el lenguaje. Los que sabemos un poco de historia de la lengua sabemos que eso no ha ocurrido nunca. Es al revés: cambia la sociedad y, al cambiar la sociedad, cambia lenguaje. Muy poco a poco y con un núcleo duro prácticamente intocable. Es decir, si aparece una novedad social, ideológica, material, técnica, surge una palabra nueva. Puesto que el diccionario y el conjunto del léxico tienen miles y miles de palabras, asimilar un elemento léxico nuevo no cuesta nada. En cambio, alterar algo tan sustancial y básico como la estructura gramatical de la lengua no va a ocurrir de la noche a la mañana. Y si tenemos dos géneros, masculino y femenino, es porque eso es una herencia del latín y a su vez lo heredó del indoeuropeo y nos remontamos ya a la torre de Babel.
Pero antaño hubo un género neutro.El latín tenía tres géneros: masculino, femenino y neutro y las lenguas románicas han perdido el neutro. Bueno, bien. Pero nadie puede decir que se va a sacar de la manga un tercer género. Es imposible, así no funcionan las lenguas: ni porque lo quiera la Academia ni porque lo quieran las feministas ni porque lo quieran los machistas o los argentinos o los mexicanos. Los fenómenos lingüísticos no surgen de arriba a abajo, sino de abajo arriba. De la masa. La lengua es una institución profundamente democrática. Pero no se vota. Es una institución de un asamblearismo tácito, difícil de definir.
¿En qué situación está el informe sobre lenguaje inclusivo en la Constitución? En las próximas semanas se va a poner de actualidad el asunto, cuando la Academia responda a la vicepresidenta del Gobierno, que es quien ha solicitado el informe. Éste está hecho pero tiene que aprobarlo el pleno. Es un informe muy matizado, muy razonado, muy sensato y muy pensado. No se pueden esperar grandes novedades: lo que escribió Bosque en aquel documento, Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer, lo que digo yo en estos artículos... Los lingüistas y las lingüistas lo tenemos muy claro. Porque la comisión ha sido paritaria. Y lo desdramatizamos: no lo convertimos en un casus belli.

¿Cree que este asunto se resolverá satisfactoriamente? Evidentemente, convencer a quien no está muy dispuesto a dejarse convencer por argumentos siempre ha sido muy difícil en este campo y en muchos otros. Hay que tomarse la cosa desapasionadamente, hay que darse cuenta de que la lengua es una convención social y que cambiar esas convenciones sociales en asuntos que, repito, afectan al núcleo duro, como es el género gramatical pues es prácticamente imposible.
Otra cuestión que se debate últimamente es la capacidad de los políticos de manipularnos a través de la del lenguaje.
Si los lingüistas no tenemos poder sobre la lengua, ¿por qué lo van a tener los políticos? El intento de manipulación a través del lenguaje es, históricamente, un fenómeno observado. Por ejemplo, la palabra «soberanismo» es relativamente reciente, tal vez para atenuar la crudeza de «independentismo», pero ahora ya se está hablando abiertamente de independentismo. Si, prácticamente, son sinónimas, ¿por qué queríamos otra? Los intentos de enmascarar o de orientar la realidad en una determinada dirección a través de la selección de vocabulario son frecuentísimos y los hablantes deben tener la suficiente inteligencia como para no dejarse manipular por un determinado uso del lenguaje:
No llamar a las cosas por su nombre. Está bien que surjan novedades, pero si los hablantes descubren que un político está tratando arteramente de modificar la realidad tan sólo cambiando algo tan epidérmico, en definitiva, como es el léxico, pues deben tomar nota.

¿Qué le parece la situación actual de nuestro idioma?

En conjunto, soy optimista y me parece que el vigor de la lengua española está fuera de dudas. Evidentemente, ponemos demasiado el acento en lo cuantitativo, que sacamos pecho con lo de los 500 millones, y debemos atender más a lo cualitativo: la presencia en internet, la difusión de la lengua, etcétera. La demografía no lo es todo. Pero en conjunto creo que tenemos, por lo pronto, una intercomunicabilidad entre los 500 millones altísima. Salvo pequeñas distorsiones de vocabulario, nos entendemos muy bien entre nosotros. Otra cosa importantísima: tenemos una ortografía común y es maravilloso. Por ejemplo, portugueses y brasileños no tienen una ortografía común y son sólo dos países. Además, en los 23 países hispánicos, la asociación de academias reconoce una cierta primacía a la academia española, histórica, pero en la globalidad funciona el consenso. / ola ke ase /

¿Y que en Cataluña el idioma se haya convertido en fuente de conflictos?

Lo lamento, porque envidio el bilingüismo y envidio a los que hablan con toda soltura catalán y castellano. Y me parece que menoscabar una de esas dos lenguas es una pérdida, una pobreza. Me gustaría ser totalmente bilingüe catalán-castellano si viviera en Cataluña y haría los esfuerzos por hablar los dos códigos que circulan en la calle en Barcelona, sin detrimento de ninguno de los dos. A ver si conseguimos algún día ver esto con naturalidad. Pero ahí los condicionamientos políticos son evidentísimos.

¿Qué aporta el plurilingüismo? La existencia de cuantas más lenguas es una fuente de riqueza. Ahora, si hay una común de comunicación entre todos, estupendo. Si es que las lenguas son instrumentos de comunicación. Y si un vasco y un catalán se entienden en el castellano, pues qué bien que tienen un código común para entenderse. Y empleo «castellano» con toda conciencia, porque cuando estoy hablando de las lenguas de España, prefiero «castellano»; cuando estoy hablando de las del mundo, prefiero «español». No hay que pegarse tampoco por la elección de uno de los dos términos. Podemos jugar con las dos etiquetas. Qué bien que tenemos dos sinónimos, qué bien que tenemos cuatro (o cinco, dependiendo de la consideración del valenciano) lenguas en España. Qué bien que somos una nación plurilingüe.

valenciano

¿Le preocupa la integración territorial de España?

Sin duda. A mí, personalmente, es lo que más le preocupa en estos momentos y el asunto sobre el que leo con mayor voracidad y ansiedad. ¿Quién nos iba a decir hace unos años que íbamos a estar más preocupados por Cataluña que por el País Vasco? Tal vez a los que vivimos en Madrid nos falta esa visión, pero siempre que voy a Cataluña me esfuerzo por entenderlo, tengo bastantes amigos allí y lamento que haya tantos independentistas y que esté tan fraccionada la sociedad catalana. Es un problema político de muchísima envergadura que parecía bien encarrilado en Cataluña y resulta que no lo estaba.

https://www.dolcacatalunya.com/2017/04/aplauda-la-profética-carta-tarradellas-al-director-la-vanguardia/ (1981)

Algunos independentistas denominan «colonos» a los que hablan castellano en Cataluña. La lengua nunca debe ser una trinchera y llamar colonos a unas personas que han ido a buscar trabajo allí es una inversión histórica absolutamente absurda. Los colonos siempre han sido poderosos y compararlos con los andaluces, extremeños, murcianos que han ido a Barcelona en busca de un trabajo es una cosa sangrante que falta a la verdad de los hechos y al significado de las palabras. En general, todo el mundo es lo suficientemente sensato como para que el idioma nunca sea una barrera ni una trinchera, ni un parapeto para la incomunicación. Es que el lenguaje es comunicación. Y hay que desdramatizar el bilingüismo igual que el masculino gramatical. En materia lingüística, no hay que ser fundamentalista en nada.

¿Es la RAE palabra de Dios? Si alguien cree en una cierta inflexibilidad e inmovilismo de la Academia considero que está equivocado. Repito: la gente le concede a la Academia más poder del que tiene.
¿Qué es el diccionario? Pues un inventario de voces. Cuando la gente pregunta si se puede decir tal palabra, yo les respondo: «Dila. ¿No la has dicho?». Pues claro que se puede. No hay multas, la Academia no es una la policía del idioma ni la lengua es el código de circulación. Esta mentalidad hay que quitársela de encima.
Después de la elección de su nuevo presidente, Santiago Muñoz Machado, ¿cómo ve el futuro de la RAE?

La Academia ha tenido unos recortes muy severos en la asignación del Estado y, por otro lado, ahora ofrece gratuitamente en internet un diccionario que antes se vendía muy bien en papel. Porque, claro, los diccionarios en papel han desaparecido. Y la Academia presta un servicio público a través de sus obras: el departamento de consultas, que funciona estupendamente bien y con gente muy valiosa, responde todos los días cientos de consultas gratuitamente y lo va a seguir haciendo así. Alguien se tiene que dar cuenta de que esto cuesta dinero y de que no podemos tener a la RAE dejada de la mano ni del Estado ni de la sociedad civil.
¿Es el patrocinio o el mecenazgo una solución? Yo creo en un sistema mixto. La Academia no es Administración pero sí es Estado. No todos la vemos igual: unos ponen más el énfasis en lo privado y a mí me gusta subrayar la condición de Estado de la RAE, que es casi más antigua que el propio Estado. Una creación de la sociedad civil que enseguida fue amparada por la corona. Históricamente, siempre se le ha respetado una autonomía máxima. Así que el Estado debe velar por la dignidad económica de la academia, que además tiene 80 personas en nómina. De ser un club de notables, se ha convertido en un centro de investigación lingüística muy importante que tiene unos gastos importantes. Me parece muy bien el mecenazgo privado, la Fundación pro Real Academia Española, pero yo creo que debe haber un equilibrio entre el sostén del Estado y los apoyos privados.

lunes, 7 de enero de 2019

UNA ROMIGUERA

UNA ROMIGUERA.

Resulte que ya fá trenta añs
que va naise una romiguera
de abonos ni han ficat tans
pa que puncho com la primera
es la romiguera del catalá
que van creá per a dominamos
incordiánmos sense pará
encara no han pogut doblegámos
y es que natros tenim la raó
y aixó es algo que esta tan clá
cada dia u defensém en mes pasió
que res may mos podrá cambiá
a eixa romiguera la están regán
gen en mol oscurs interesos
la nostra tradisió están cambián
trenta añs que aguantém excesos
orgullosos de lo que fan no poden está
pos obliguen a cambiá a tota la gen
en lo mateix molde mos volen fabricá
tots iguals al seu pensamén
pero ara al mich de la romiguera
mols muixonets van ficá una llaó
y ha naixcut una bonica figuera
en un sol añ, ya s´ha fet la milló
eixa es la Figuera de la esperansa
regada per la nostra humildat
la fá forta la nostra pasiénsia
alimentada per la autentica verdat
en molta forsa se obri camí
entre mich del romigueral
es la gen que s´ha cansat de patí
la gen que u está passán mal
a la vora de la Figuera s´ha ajuntat
la forsa de un bon amelé
los dos bé s´han complementat
y al romigueral han debilitat
la flexibilidat de la figuera
es la milló virtut que té
guañará a eixa romiguera
jun en la duresa del amelé
es la unió de les persones
la que tallará a la romiguera
natros ne som mols mes
y tenim una unió verdadera
la nostra raó se acabará imposán
despullarém les seues mentires
mentres a natros no mos callarán
natros volem seguí sen lo que som.

 

por qué el Reino de Cataluña nunca existió

La historia robada a la Corona de Aragón o por qué el Reino de Cataluña nunca existió.

¿Te encuentras a catalanista diciendo que Ramón Berenguer IV fue rey y que él como sus sucesores eran de una supuesta "Casa Real de Barcelona"? Dile que lea esto y que deje de hacerse el erudito.

https://www.abc.es/historia/abci-historia-robada-corona-aragon-o-reino-cataluna-nunca-existio-201901040221_noticia.html

En el año 987, el Conde de Barcelona, Borrell II, fue el primero en no prestar juramento al monarca de la dinastía de los Capetos, pero hay que recordar que se sometió en vasallaje al poderoso Califato de Córdoba.

La mitología nacionalista ha distorsionado y retorcido hasta la saciedad la naturaleza «catalana-aragonesa» de la Corona de Aragón para encontrar una justificación histórica a sus reclamaciones políticas. De ahí que algunos no hayan dudado en equiparar Países Catalanes (una denominación cultural acuñada en el siglo XIX) a Corona de Aragón, esto es, al conjunto de reinos que estuvieron sometidos al Rey de Aragón, entre los siglos XII y XV, donde se encontraba la propia Aragón, Valencia, Mallorca, Sicilia, Córcega, Cerdeña, Nápoles, los ducados de Atenas y Neopatria y los distintos condados catalanes.

El mito de Wilfredo el independiente.

La zona que hoy corresponde a la comunidad autónoma de Cataluña estuvo desde el siglo XII integrada en esta Corona de Aragón, y solo durante un breve periodo fue un ente propio, incluso entonces dependiente de otros reinos. Tras el colapso de la Hispania Visigoda y la invasión musulmana en el 718 d.C, el Imperio carolingio estableció una marca defensiva como frontera meridional con Al-Ándalus. Esto supuso la ocupación por los francos durante el último cuarto del siglo VIII de las actuales comarcas pirenaicas y de Gerona, así como de Barcelona / Barcino, Barchinona / en el año 801.
El antiguo territorio visigodo se organizó así en diferentes condados dependientes del rey franco.
Conforme el poder central del Imperio se debilitaba, a lo largo de los siglos IX y X, los condados catalanes, que estaban vertebrados por Barcelona, Gerona y Osona, fueron progresivamente desvinculándose de los francos. En este punto, las leyendas nacionalistas sitúan erróneamente al noble Wifredo «el Velloso» –el último conde de Barcelona designado por la monarquía franca– como el artífice, no ya de la independencia de los condados catalanes, sino del nacimiento de Cataluña y sus símbolos. Como hicieron los cronistas castellanos con «El Cid Campeador», la mitología catalanista recurrió a un personaje real, que debió gozar de gran importancia en su tiempo pero del que se conocen pocos datos históricos, para moldear su biografía y cubrir los grandes huecos con datos legendarios.
Las Cortes Catalanas según una miniatura de un incunable del siglo XV. Fernando II de Aragón en su trono enmarcado por dos escudos con el emblema del señal real.
Wilfredo pertenecía a un linaje hispanogodo de la región de Carcasona (la mitología catalana fija su nacimiento en la inmediaciones de Prades, en el condado de Conflent, actualmente en el Rosellón francés). En el año 873 heredó el Condado de Urgel, tradicionalmente en manos de su familia. Aprovechando la fallida rebelión del Conde de Barcelona Bernardo de Gothia contra Carlos «El Calvo», la fidelidad de Wilfredo hacia el monarca le hizo ganarse como premio el apoyo del resto de condados. El noble fue el primero en aglutinar los títulos de cinco de los doce condados, siendo el fundador de la dinastía de la Casa de Barcelona. Esta dinastía necesitaría, sin embargo, varios siglos para concentrar en sus manos otros títulos menores.
Aquí habría que precisar que Wifredo «El Velloso», que había recibido los títulos por mediación de los francos, no buscó nunca la independencia de los condados y, por supuesto, no configuró ninguna nación catalana ni nada parecido. Fue con la Capitular de Quierzy, 
promulgada el 14 de junio de 877 por Carlos «El Calvo», cuando se sembró el auténtico germen de la separación de los condados catalanes del Imperio carolingio. Esta orden real estableció la heredabilidad de los honores otorgados por la corona. Es decir, que a la muerte de Wifredo «el Velloso» sus títulos pasaron a sus hijos sin que fuera necesario que el Emperador del declinante Imperio carolingio eligiera al sucesor.
Fue con la Capitular de Quierzy, promulgada el 14 de junio de 877 por Carlos «El Calvo», cuando se sembró el auténtico germen de la separación de los condados catalanes del Imperio carolingio
Lo cual no significa que se pueda hablar desde ese momento de una entidad propia y unitaria en la región catalana. En 897, a la muerte de su padre, Wifredo II Borrell se hizo cargo conjuntamente con sus hermanos Sunifredo y Miró, de los condados paternos, reservándose para él el gobierno de los condados principales, Barcelona, Gerona y Osona. Llegado el momento, Wifredo Borrell viajó a Francia para rendir tributo al nuevo Rey, Carlos «El Simple», donde fue investido oficialmente como conde en 899.
Hubo que esperar más de un siglo más para ver la completa desvinculación de los Condes de Barcelona con respecto la Corona franca. En el año 987, el Conde de Barcelona, Borrell II, fue el primero en no prestar juramento al monarca de la dinastía de los Capetos, pero hay que recordar que se sometió en vasallaje al poderoso Califato de Córdoba.

Génesis de la Corona de Aragón.

En el siglo XII, el conde Ramón Berenguer IV se casó con Petronila de Aragón, hija de Ramiro II «el Monje», conforme al derecho de este reino, es decir, en un tipo de matrimonio donde el marido se integraba a la casa principal como un miembro de pleno derecho. El acuerdo supuso la unión de la Casa de Barcelona, que controlaba la mayor parte de los Condados catalanes, y del Reino de Aragón en la forma de lo que luego fue conocido como Corona de Aragón. De ahí que Corona de Aragón y Reino de Aragón no sean la misma cosa.
La Casa de Aragón dejó paso a una dinastía autóctona de Castilla. La muerte sin descendencia del Rey de la Corona de Aragón Martín I «el Humano», en 1410, abrió una grave crisis sucesoria. Los intereses comerciales terminaron favoreciendo al candidato de la dinastía castellana de los Trastámara, Fernando de Antequera –hermano del Rey de Castilla Enrique III–, quien, tras el llamado Compromiso de Caspe de 1412, fue nombrado Monarca de la Corona de Aragón. Posteriormente, el matrimonio de Fernando II de Trastámara con Isabel de Trastámara, Reina de Castilla, celebrado en Valladolid en 1469, condujo a la Corona de Aragón a una unión dinástica con Castilla, efectiva a la muerte del primero, en 1516, pero ambos reinos conservaron sus instituciones políticas y sus privilegios administrativos (lo que el independentismo catalán designa hoy como «libertades»). En un contexto de alianzas medievales, la asociación de ambos territorios no fue, pues, el fruto de una fusión ni de una conquista, sino el resultado de una unión dinástica pactada entre la Casa de Aragón y la poseedora del Condado de Barcelona.
De hecho, originalmente los territorios que formaron la Corona mantuvieron por separado sus leyes, costumbres e instituciones. A lo largo del segundo cuarto del siglo XIII, se incorporaron a esta Corona las Islas Baleares y Valencia. Este último territorio, el Reino de Valencia, pasó a convertirse en un reino con sus propias Cortes y fueros.

¿Te encuentras a catalanista diciendo que Ramón Berenguer IV fue rey y que él como sus sucesores eran de una supuesta "Casa Real de Barcelona"? Dile que lea esto y que deje de hacerse el erudito.